La situación estratégica del mismo como nudo de comunicaciones en el centro de la entonces provincia de Gallaecia no hizo sino aumentar durante los siglos posteriores, contribuyendo al desarrollo de la ciudad de Ourense.
Durante el siglo XII el arco principal del puente cedió dando lugar a una serie de interminables reparaciones y derrumbes que no finalizaron hasta que en el siglo XVII la reforma final dirigida por Melchor de Velasco dio al puente su aspecto actual indiscutiblemente medieval a pesar de que se mantengan elementos romanos originales como son los arcos de inicio del mismo.
Durante varios años el arco central del Puente Viejo fue el de más luz de España, hasta mediados del siglo XIX. Precisamente, la apertura de la carretera Villacastín-Vigo supuso el derribo de la torre existente en el puente que figura en el escudo de la ciudad.
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